ESTRÉS Y SISTEMA INMUNOLÓGICO

ESTRÉS Y SISTEMA INMUNOLÓGICO

Normalmente las personas buscan tener y/o mantener un buen estado de salud en general y en el momento en el que nos encontramos, se ha vuelto algo básico.

Nuestro sistema inmunológico es la defensa natural que tenemos contra las infecciones (bacterias y virus). Se encarga de defender nuestro cuerpo de los organismos infecciosos (antígenos) que lo invaden. 

En los últimos años, la Psiconeuroinmunología ha sido la encargada de estudiar la interacción entre la conducta, la función neural y endocrina y los procesos inmunes. Es decir, la conexión entre nuestro cerebro y el sistema inmunológico. Debido a la gran prevalencia o presencia que tiene el estrés en nuestra vida cotidiana (en algunos casos hasta se normaliza que esté) y como afecta a nuestro sistema inmune. Y es que está más que demostrado que el estrés afecta a nuestro organismo de manera nociva.

El estrés es un sentimiento normal de tensión física o emocional (es la reacción del cuerpo ante una amenaza) y en pequeñas dosis (estrés agudo) es positivo, nos ayuda a protegernos o defendernos de un peligro, pasar a la acción cuando algo nos da miedo o incluso cumplir con una fecha límite en el trabajo. Si este estrés se mantiene más allá de ese momento puntual pasa a ser dañino para nuestra salud (estrés crónico). Y es que esta situación que estamos viviendo, la cual se está alargando, en mayor o menor medida nos genera estrés, ya sea por la incertidumbre laboral, la salud de personas allegadas, el cambio en el ocio y las relaciones sociales, como será la vuelta a la “normalidad” o simplemente estar mucho más tiempo del que estamos acostumbrados en casa.

Todo esto nos lleva a que más que nunca, queramos que nuestro sistema inmunológico esté en “plenas condiciones” y  se defienda de manera óptima. Para ello os vamos a contar algunas recomendaciones y trucos para mantenerlo fuerte.

Prioriza lo que realmente es importante y haz una buena gestión del tiempo, por ejemplo planifícate (de manera realista) por la noche que tareas quieres hacer al día siguiente, de esta manera tienes un plan y orden mental de qué va a ocurrir y en qué momento aproximado, lo cual suele calmar muchísimo a nuestra mente y la ayuda a enfocarse en lo que tiene que hacer y no en lo que tiene pendiente, es decir,  ocúpate (en el presente) en vez de preocuparte (por el futuro). Las rutinas en general son muy beneficiosas, sobre todo para niños.

Haz un cambio de estado entre tarea y tarea como por ejemplo estirarte o respirar profundo (esto ayudará a que estés más concentrado y relajado en la próxima tarea).

Queda con familiares o amigos aunque sea de manera virtual para reírte y sociabilizar (está demostrado que la risa es uno de los mejores método antiestrés que existen). 

El ejercicio de manera regular ayuda a fortalecer el sistema inmune además de reducir los niveles de estrés y ansiedad. Puedes empezar por cosas cortas y sencillas e ir incrementando poco a poco, más vale poco de manera continuada que mucho de forma puntual. 

Duerme a diario entre 7-9 horas, preferiblemente en el mismo horario, a nuestro organismo le sientan muy bien las rutinas, tanto en el sueño como en las comidas. Cada vez más estudios confirman la importancia de un sueño reparador.

Sal a la calle o a la terraza/balcón/ventana (si es posible cuando haya sol), es súper importante para la oxigenación de nuestro organismo y la asimilación de la vitamina D, además hay multitud de estudios que hablan de la influencia del sol en el estado de ánimo.

Bebe agua a diario y come de manera variada y equilibrada, evitando todo lo posible los alimentos precocinados o procesados. Cabe destacar que los alimentos no son medicamentos, pero sí contienen nutrientes básicos que contribuyen a mejorar la respuesta del organismo ante diversas dolencias, ayudando a que nuestro sistema inmunológico actúe de manera más eficiente. Los alimentos más evidenciados para estos fines son:

El ajo, desde hace años se sabe de sus propiedades anti-bactericidas y anti-virales. La raíz de cúrcuma, utilizada en muchas culturas como antiinflamatorio,  la podemos tomar tanto en infusión, como rallada y/o en especie sobre las comidas.

Para combatir las inflamaciones es fantástico el uso del jengibre en infusión con un chorrito de  limón, preferiblemente en ayunas o con el estómago vacío. Pescados grasos como salmón, atún o caballa debido a su alta concentración de ácidos grasos omega-3, además de algas como la spirulina, rica en aminoácidos esenciales, ácidos grasos (DHA) y vitaminas. Nueces y almendras gracias a la gran cantidad de vitamina E que contienen.

Las vitaminas de frutas y verduras, destacando arándanos, kiwi, granada, papaya, cítricos, brócoli, boniato, champiñones y espinacas.

El chocolate negro, estudios afirman que en pequeñas dosis, protege a los glóbulos blancos, aporta energía y saciedad al organismo, además de ser un alimento antidepresivo (aporta feniletilamina, sustancia segregada de manera natural por nuestro cerebro).

El kéfir actúa como probiótico, sus bacterias ayudan a combatir otras, reduciendo la inflamación y aumentando la actividad antioxidante.

El Kalanchoe gracias a la enzima Catalasa tiene una acción regeneradora de los tejidos celulares y fortalece el sistema inmune.

El propóleo y echinácea se pueden tomar por separado, no obstante rinden mucho mejor cuando se combinan la  función antiséptica y bactericida del primero con la aceleración de los procesos  del segundo (sobre todo en vías respiratorias).

Como ves, hay gran cantidad de alimentos al alcance de nuestra mano que pueden ayudar a aumentar tu sistema inmunológico, puedes ir innovando en la cocina, haciendo combinaciones nuevas,  descubriendo sabores diferentes o incluso apoyarte en los complementos alimenticios, los cuales te ayudarán de manera rápida, fácil y directa con la mejora de tu organismo.

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